Por: Juan Kathrein
CQC está pensado desde su comienzo como un programa “que aborda la actualidad política, del espectáculo y de los deportes con una mirada satírica y humorística”. El principal fin del programa es el entretenimiento, para eso, la sátira a la realidad y a los más importantes temas en la agenda mediática de la semana, cumple un rol fundamental. Ahora bien, ¿Ésta burla a la “realidad” puede considerárselo como humor político?
En la primera etapa del programa, 1995-1999 (en canal 2 – América), CQC tomó una gran popularidad por sus discursos contra las estructuras de poder. Se buscaba ridiculizar a la mayoría de los políticos, algo muy común y tomado por muchos espacios de entretenimiento de la época. Lo que llamó la atención del programa enseguida y lo que hizo que el producto sea novedoso, fueron los informes realizados por los movileros. “Los noteros” tomaron un rol determinante en el discurso: no sólo siendo el mediador entre personaje/hecho al cual tenían que cubrir, sino tomando postura y (por lo general), burlándose del mismo. Dicho en otras palabras, los “noteros” pasaron a ser meros mediadores del objeto, para pasar a discutirlo y ridiculizarlo.
Su retorno en el 2001 (en Canal 13), la premisa del programa seguía siendo la misma: Reírse de las estructuras de poder. Políticos, principalmente, eran el blanco fácil que tenían dado la situación del país en ese momento. Con el tiempo, se fueron sumando secciones que alimentaban ésta metodología. Como por ejemplo la sección que lideraba Daniel Magnatti (y en la actualidad está a cargo Gonzalo Rodriguez), “Proteste Ya!”. Sin embargo, su espacio privilegiado con distintos gobiernos a la hora de hacer informes o sus preguntas banales al estar tan cerca de personajes políticos o empresariales, empezaron a hacer ruido en muchos espectadores y comenzar a preguntarse si realmente critica a las estructuras de poder o si, en realidad, las alimenta.
A medida que transcurría el tiempo, el programa empezó a darle más espacio a las notas sobre la farándula, espectáculos o investigaciones sociales muy poco trascendentes (por ejemplo, “qué hace la gente si encuentra un celular en la calle”). Esto hizo que la política quede cada vez más resegada a
un segundo plano. Mientras que en Caiga Quien Caiga el espacio que se le daba a la política empezaba
a caer cada vez más, otros espacios empezaron a surgir: En el año 2003, salió a la venta el primer número de la revista Barcelona, una publicación de humor (sobre todo político) que no sólo ridiculizaba a la política esta vez, sino también a los medios masivos de comunicación (en su mayoría apuntando al grupo Clarín). A la vez, en el año 2009, Diego Capusotto y Pedro Saborío sacaban al aire en “Peter Capusotto y sus videos” a uno de los personajes más aclamados del ciclo, “Bombita Rodriguez, el Palito Ortega montonero”. Estos dos ejemplos del humor político que se estaba gestando tenían una idea clara, el chiste ya no estaba dirigido a “las estructuras de poder” como en CQC, sino que esta vez, “el poder” tenia nombre y apellido (en el caso de Barcelona, el grupo Clarín; en el caso de Bombita, el peronismo).
Caiga Quien Caiga, tanto con Pergolini como con Ernestina Pais como conductores, nunca sentó una postura crítica acerca del poder que tanto buscaban descalificar. Si bien la insinuación en sus emisiones siempre estaba, nunca se lo hizo de manera crítica y evidente. El humor político debe ser ante todo ideológico, debe tener una postura clara; CQC nunca demostró esa postura. Y precisamente esa frivolidad con la cual abordaba los temas, es lo que hizo considerar al programa como un mero producto de entretenimientos, no un crítico social como se lo propuso al comienzo.

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